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sábado, 24 de diciembre de 2011

Teoria de los Actos Propios - Doctrina de la Contradicción


Un día estaba en mi clase de Derecho de los Contratos y escuche de un caso muy interesante, el cual se suscito en la ciudad de Chiclayo, donde tenía como partes litigantes a Petroperú y al Grupo Gloria, donde el primero a raíz un contrato de suministro entrega al segundo combustible para sus unidades de transporte, pero el segundo durante cinco años realizaba los pagos mensuales fuera del plazo convenido y Petroperú no realizo ninguna manifestación de incomodidad por el retraso en los pagos por parte del Grupo Gloria, durante ese tiempo; pero pasado los cinco años Petroperú demanda por obligación de dar suma de dinero al Grupo Gloria, por los intereses moratorios generados en ese periodo de retraso…


La contradicción esta a la orden del día. Es posible observar cotidianamente como una persona puede adoptar una postura, expresar cierta opinión o defender una ideología y luego, da un giro copernicano donde cambia su postura, idea o visión.

Algunos condenan esta antítesis en el pensamiento y actitud mientras que otros consideran que solo los estúpidos nunca cambian de opinión.


Cuando alguien actúa de cierta manera, afirmando ciertos hechos y posteriormente su conducta resulta opuesta a la actitud adoptada con anterioridad, incurre una contradicción que jurídicamente se traduce en la doctrina de los actos propios.

La doctrina de los actos propios representa una oportunidad para el abogado litigante de demostrar la incoherencia jurídica y fáctica, la invalidez del acto y el quiebre de la buena fe en aquél que trata de desandar el camino recorrido mediante contradicciones con sus previos actos, en pocas palabras… "Nadie puede ponerse en contradicción con sus propios actos anteriores, a través del ejercicio de una conducta incompatible con una anterior deliberada, jurídicamente relevante y plenamente eficaz"

Es entonces que el principio cardinal de la buena fe ha adquirido una presencia insoslayable en el mundo, estando llamado a acrecentar su importancia, como prisma de análisis de las relaciones jurídicas (1).

Los requisitos de su aplicación son los siguientes:
A) Una situación jurídica preexistente,
B) Una conducta del sujeto, jurídicamente relevante y plenamente eficaz, que suscite en la otra parte una expectativa seria de comportamiento futuro.
C) Una pretensión contradictoria con esa conducta atribuible al mismo sujeto..."

Lo propio ocurre en la jurisprudencia española, donde es un principio corriente que “Los actos propios, para ser tenidos como expresión de actuación oponible, deben ser aquellos que por su carácter trascendental o por constituir convención, o causar estado, definen inalterablemente la situación jurídica de su autor, o aquellos que vayan encaminados a modificar o extinguir algún derecho”. Se ha dicho también que “La esencia vinculante del acto propio, en cuanto significativo de la expresión del consentimiento, es que se realice con el fin de crear, modificar o extinguir alguna situación jurídica, con exigencia de que origine un nexo causal eficiente entre el acto realizado y su incompatibilidad con la conducta posterior, y fundamentado en un comportamiento voluntario, concluyente e indubitado, de tal forma que defina, de modo inalterable, la situación del que lo realiza...”.

De esta manera lo ha entendido la doctrina y jurisprudencia:

La regla "venire contra factum proprium nulla conceditur" (o doctrina de los actos propios), se basa en la inadmisibilidad de que un litigante o contratante fundamente su postura, invocando hechos que contraríen sus propias afirmaciones o asuma una actitud que lo coloque en oposición con su conducta anterior.

“La llamada teoría de los actos propios sanciona la conducta contradictoria, importa un verdadero principio de derecho que constituye una regla derivada del principio de derecho general de buena fe, fundándose en el deber de actuar coherentemente.” (2)

Por su parte, Diez Picazo expresa al respecto que “la exigencia de coherencia del comportamiento es una derivación inmediata del principio general de buena fe” y que la conducta contradictoria es una contravención o infracción del deber de buena fe. (3)

No es ocioso aclarar que la doctrina “venire contra factum propium non valet” es inaplicable en los casos en que la voluntad se encontrara viciada por violencia e intimidación. Para el caso de “error” como vicio de la voluntad, la cuestión es más discutible en atención al principio de que “nadie puede alegar la propia torpeza”.

La contradicción solo tendrá lugar cuando los dichos o hechos provengan del pleno discernimiento, intención y libertad. Asimismo, la referida doctrina tampoco resulta útil cuando el acto previo es el silencio. Es menester recordar que el Código Civil en su art. 142 estipula que el silencio opuesto a actos no representa una declaración de voluntad salvo que la ley así lo estipule. Un claro ejemplo sería la inaplicabilidad de la doctrina de los actos propios al trabajador que jamás reclamó su registración a fin de conservar su fuente laboral. (Derecho Laboral)

Esta doctrina no se mide con la misma vara en las diferentes ramas del Derecho. En la órbita del Derecho Administrativo, el Estado puede volver sobre sus propios actos, alegando la propia torpeza mediante la acción de lesividad. (Derecho Administrativo)

En lo que respecta al Derecho Internacional, halla su correlato en la “doctrina stoppel”.

En definitiva la incoherencia resulta una característica ínsita del ser humano. Es por ello que la doctrina de los actos propios representa para el abogado litigante una herramienta valiosa a efectos de argumentar jurídicamente.

En conclusión y moraleja de este post radica en obrar con coherencia sin apartarse de una determinada línea de conducta pues los abogados se encuentran al acecho de la contradicción y pueden utilizarla para ganar un pleito.

Pero esta doctrino tiene que ser usada con un cuidado extremo, por ejemplo (será tratado en otro post), como lo mencionamos líneas arriba, en caso del ERROR, en caso del SILENCIO, en caso de LA NULIDAD y en caso de derechos que AFECTAN A TERCEROS…se debe utilizar con sumo cuidado porque no encontraremos ante la doctrina de los actos emulativos (próximo post)



(1) El principio cardinal o deber general de actuar de buena fe tiene la función de colmar las inevitables lagunas del sistema legal; la ley, por muy analítica que sea, no puede prever todas las situaciones posibles mediante normas concretas, ni todos los abusos que las partes pueden cometer la una en perjuicio de la otra. La ley sólo previene las situaciones más frecuentes, eliminando o prohibiendo los abusos más comunes; muchas conductas reprochables escaparían a las espesas redes de la ley, si debiera considerarse permitido o lícito cualquier comportamiento que la ley no prohibiera. El principio general de corrección y buena fe permite identificar otras prohibiciones y otras obligaciones no contenidas en la ley. Como suele decirse cierra el sistema legislativo, es decir ofrece criterios para colmar aquellas lagunas que se pueden manifestar en las cambiantes circunstancias de la vida social (Galgano, Francesco, op cit, pag. 454).
(2) BORDA, Alejandro, “La teoría de los actos propios”, Ed. Abeledo Perrot, pág. 62 y sgtes.
(3) DIEZ PICAZO L., La Doctrina de los Actos Propios, pág. 143, Ed. Bosch, Barcelona, 1963.

3 comentarios:

  1. Lo felicito Doctor por el análisis planteado sobre la teoría de los actos propios y como Ud. afirma, es posible que no sea aplicable en todos los casos del Derecho, le digo esto porque acá en la ciudad de Chiclayo, dentro del ámbito del derecho laboral, el demandante, que durante más de tres años, no hizo reclamo por vaciones, al final en la demanda que planteó, salió triunfante. En este caso,no fue aplicable la teoría de los actos propios.

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  2. No se puede aplicar en ese caso, ya que esta renunciando practicamente a ese beneficio, es un descuido legal...

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